CONSTANTE INCONSTANCIA

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Un mal día Quilmes cayó al Nacional B, luego sufrió toda una temporada pero un buen día, la angustia terminó. Fin del torneo para el Cervecero, que con un empate se salvó definitivamente del descenso, pero no le alcanzó para mantener posibilidades de clasificar al reducido por el segundo ascenso. A lo que era su realidad, y aunque no es algo para festejar, tampoco es para menospreciarlo.

Por desgracia mi visión fue acertada cuando antes del comienzo del campeonato predije que Quilmes estaba lejos de ser aquel equipo candidato, que si lo ponían en el lote de los favoritos era por portación de nombre pero la realidad económica, institucional y por ende deportiva, no eran las de cuando el Decano pisaba fuerte en la categoría. Se dio el torneo que siempre creí que se iba a dar; de pelea por mantenerse, pensar en las posibilidades serias de descender y aceptar que, si se salvaba, entrar al reducido iba a ser algo fuera del libreto, que no veía seguro y hasta sería demasiado pedir. Por fortuna, y si bien estuvo cerca, lo peor no llegó. Y por más que duela reconocerlo, no me sorprende en nada tener que mirar el reducido desde afuera.

Hubo algunas cosas específicas que contribuyeron con este momento. Una de las más influyentes fue la cantidad de partidos en los que a este equipo le convirtieron en los últimos minutos, con lo que se escaparon varios puntos que hoy lo ubicarían en otro lado. Para no perder la costumbre, hasta en la última fecha se mantuvo esa constante, la de la inconstancia, y el hincha pasó de la ilusión de competir por subir, a pedir la hora para no recibir un gol que lo obligara a depender de otros para no bajar. Y todo en 5 minutos. Esa inseguridad, sumada a la falta de definición, fueron piezas claves que hicieron que el torneo fuera tan sufrido como lo fue, y separaron a este Quilmes de los candidatos para situarlo entre los que pelearon por la permanencia.

El Cervecero tal vez no haya estado a la altura de lo que su nombre proclama en el ascenso, pero sí estuvo a la altura de lo que el plantel podía ofrecer. No es sorpresa, no es maldad, sino ver la realidad y aceptar que a veces hay que darse cuenta de que no se pueden ganar partidos con la camiseta ni subestimar las circunstancias, ya que por sobrar la primera división creyéndonos salvados, tuvimos que jugar un torneo de segunda que muchos dieron por ganado, y así casi caemos en la tercera.

Hay que dar a las cosas el valor y respeto que merecen, con los pies sobre la tierra y lo que pasó, como lección.

Por: Adrían

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