EL TORO POR LAS ASTAS 

Calma transitoria después del intento fallido en la visita a Ferro. Si bien en Caballito se había visto un cambio actitudinal para ir a buscar de arranque, Quilmes empezó perdiendo y bajó la intensidad después del descanso, aunque reaccionó y se trajo un punto que tomó valor por la posterior derrota de Los Andes. Con eso, tocaba recibir a Chicago, candidato al ascenso directo, sabiendo que con una victoria se salía momentáneamente del descenso.

Lo importante era ganar como fuera, y se ganó, pero eso no evita un necesario sinceramiento. No creo que haya sido muy justo el resultado, lo que hubo de actitud lo hubo de desprolijidad, y no sé si el conjunto verdinegro no pudo o no quiso, pero debió haberse ido al entretiempo con más de un tanto de diferencia a pesar de que un par de veces su arquero tuvo que intervenir. Pero los goles no se merecen sino que se hacen.

 

En la primera jugada del segundo tiempo apareció el viejo y conocido Adrián Scifo, que afortunadamente no perdió la costumbre de hacer burradas en el Centenario aunque haya cambiado de equipo, y en lo que debe haber sido la única alegría que me dio ese muchacho, cometió un inmenso y torpe penal producto de un manotazo. Anselmo la mandó a guardar, el golpe durmió al visitante, y desde ahí el Cervecero se lo llevó puesto con poco fútbol pero mucho empuje. Una expulsión discutible a los de Mataderos y algo de oportunismo para aprovechar la ventaja numérica, decantaron en el segundo gol de Anselmo, ese tiro esquinado que no entraba más, e hizo estallar las gargantas -literalmente estoy desde el lunes sin voz-. Y con el corazón en la mano Quilmes siguió yendo a buscar hasta que una inexplicable maniobra del guardameta rival afuera del área, terminó con la pelota en los pies de Obregón que convirtió el tercero con un buen disparo por arriba.

Por momentos el clima se sintió raro, no se puede negar que el arbitraje fue malo, y si me apurás, te digo que favoreció al Decano. Lo dejó pegar y perdonó mucho en comparación con Chicago, a quien castigó de más aunque de todos modos, en el tiempo adicionado y tal vez para compensar, les dio un penal dudoso que puso las cosas 3 a 2. Y a sufrir hasta último momento, porque de otra manera, no sería Quilmes.

Que quede claro que está todo bárbaro con la algarabía popular y el festejo enardecido, pero no hay que olvidar que todavía de ninguna manera pasó el peligro. El Cervecero supo tomar al Torito por las astas para ganar un partido vital, y eso mismo debe seguir haciendo porque falta mucho. Lo peor que puede hacer es relajarse, no le sobra nada ni en juego ni en promedio.

@ADRIAN

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