NO ERA TAN DIFÍCIL

En un partido duro desde la previa, sorprendentemente se le ganaba bien, muy bien, a un Racing desorientado y nervioso que, para colmo, tenía uno menos desde la jugada del penal que selló el segundo gol del Cervecero. Se jugó más al fútbol en 45 minutos que en los tres partidos anteriores juntos (y varios más también), y se empezó a salir adelante con la decisión y actitud que todos pedíamos. Se estaba dando la anhelada jornada ideal, hasta que Quilmes se complicó a sí mismo.

 

Ese equipo de gran primer tiempo se quedó en el vestuario y a la segunda mitad salió el de las fechas pasadas, que con todo para ganarlo, hizo todo para perder un encuentro prácticamente cerrado. En lugar de manejar los hilos y jugar con la desesperación del contrario, salieron a cuidar el resultado replegados. Se pararon bastante más atrás y dejaron venir al rival que se animó  y de tanto buscar, nos metió un gol. Nos desordenamos y otra vez, para no perder la costumbre, nos hicieron otro gol en un parpadeo. Después del empate, cuando todo lo hecho estaba desperdiciado, se empezó a atacar a lo pavote con muchos delanteros en cancha y pasó lo que rogábamos que no pasara: lo perdimos. Bochorno. No puedo explicar la mezcla de enojo, amargura, tristeza y vergüenza con la que al menos yo me quedé. 

Finalmente se dio la impostergable renuncia de un técnico que no supo encontrarle la vuelta a la situación ni reconocer a tiempo esa incapacidad. Si bien es cierto que hace mucho estaba disconforme con la labor del entrenador, este final me angustia porque Alfredo Grelak quiere mucho a Quilmes y le terminó pasando lo que suele pasarle a toda la gente querida que toma las riendas en momentos complicados. Aplaudidos por su valor al llegar, criticados hasta lo más profundo en su partida. Los quemamos a todos, casi como algo cíclico.

 

Como si fuera poco, a esa frustración gigante se suma al miedo al descenso en un torneo que a pesar de todo es muy salvable, y sin embargo nos parece utópico. La verdad es que se necesitan 12 puntos y quedan 12 fechas, tuvimos la suerte de que fuimos horribles pero los que nos siguen de cerca también fueron un desastre y por eso todavía no estamos en la zona roja. Pero los ánimos están muy desgastados y cuesta mucho imaginarse algo distinto, así que nos queda esperar que el nuevo cuerpo técnico pueda ordenar este desastre y sacarnos del pozo que nos cavamos solitos. 

Adrián Franco Sala.

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