SIESTA SANTIAGUEÑA

Había sido ya demasiada alegría. Quilmes venía de jugar bien y ser justo ganador, festejar e ilusionarse con un torneo sin sufrimiento. Pero se despertó de ese lindo sueño para ir a visitar a Central Córdoba y reaparecieron las pesadillas.

En la primera etapa el Cervecero no mostró la actitud ni personalidad esperadas. Pasaban los minutos y el partido no decía nada, era mirar sin sentir emociones ni un mínimo de adrenalina, con la lejana esperanza de que en alguna jugada aislada la suerte se pusiera de nuestro lado, merecidamente o no. No jugó más que a cumplir con el compromiso, se confió con que a lo sumo se iba al descanso en cero, y le metieron el gol en la última jugada. Por más que en el segundo cambió la cabeza, no le alcanzó con el par de buenas llegadas que tuvo, entre las que destacó un tiro en el palo. Y no hubo mucho más. O si hubo, me lo habré perdido al entretenerme con otra cosa ante el embole que brindaron.

Se vio el peor y más aburrido rendimiento en lo que va de torneo, se pagaron caros el juego denso, la languidez y la confianza de que con poco iba a ser suficiente, y aunque los locales no hicieron mucho, les alcanzó para ser más que Quilmes. Así, en un partido con efecto somnífero, nos durmieron al mejor estilo de sus famosas siestas santiagueñas.

Por: @Adrian28Qac

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