VIENTO EN CONTRA

La oportunidad era inmejorable. En la previa había perdido Los Andes, y con el resultado puesto, se sabía que un triunfo aseguraba la permanencia. Con todo a favor, Quilmes fue su propio viento en contra.

 

En el último tramo de la primera parte, llegaba la ventaja tras un tiro desde afuera del área. No era muy merecida, pero, ¿a quién le importaba? En ese momento, a nadie, aunque después de lo sucedido creo que a los jugadores les hizo mal encontrarse con ese tanto. Porque se había llegado poco, y el gol fuera de contexto llevó a una segunda mitad con mucha especulación por tener que aguantar medio partido más. Capaz era otra la actitud si tenían que buscarlo después del descanso, y salían con más determinación que conjeturas.

 

Si bien en la primera jugada del segundo tiempo casi se aumenta con una chilena que dio en el palo, de a poco empezó a notarse más y más que esa llegada había sido otro hecho aislado, y resurgió la debilidad de toda la temporada. Y desde ahí, todo mal. A ese Quilmes que ganaba y se salvaba contra Brown en Puerto Madryn, y se sentía en un sueño como en aquel ascenso de 2012 en ese mismo lugar, dormirse le trajo una pesadilla de la que fue imposible despertar. Se lo empataron a los 70; el resultado no era el mejor, pero servía porque con un empate en la última fecha, se conseguía el objetivo. Lo perdió a los 89.

 

Se pueden decir muchas cosas, desde que eso es no tener sangre ni temperamento, hasta que todo pasó por miedo, u otros les dirán mercenarios. Sin dudas, es válido hablar de ineptitud del técnico. Opiniones, justificativos o posibles explicaciones, hay muchas, pero la única verdad es que el Decano se complicó solo y ahora tiene que afrontar las consecuencias. Para no depender de nadie hay que ganarle a Olimpo, que llega al Estadio Centenario descendido pero siempre nos complica, y en una de esas hasta juega relajado sin presiones y nos pinta la cara. Otra opción es empatar y esperar que no gane Los Andes que enfrenta a Morón, que nos odia y ya no pelea por nada. Si el Cervecero pierde, desciende aunque los de Lomas también pierdan.

 

Pase lo que pase el sábado, estar viviendo esto ya es un papelón para la institución, y un dolor inmenso para su gente. Y puede empeorar. Incertidumbre, nervios y cabezas gachas a la espera de una alegría. El hincha está con el ánimo por el suelo. Nada más que agregar.

Por: @Adrian28QAC

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